sábado, 30 de enero de 2010

El otro mar de tierra de pinares

Encallados en una loma unos ejemplares del mar, o desertores de lo que fue y no es ya, pues donde hubo piñoneros dicen, por rentabilidad, se pusieron resineros. Pinos que en su tortuosa apariencia y disfrazada debilidad albergan la razón del principio y la supervivencia de otras vidas ajenas a la suya propia. La comunidad del mar de pinares de la tierra segoviana alimenta la tierra, los ojos y el alma del que pasa rozando las arenas. Y lo atrapa sin duda ni oportunidad de escabullimiento. Los acontecimientos en el pinar se suceden como se suceden las estaciones: lluvia, sol, nieve si toca. Niebla... la niebla es otra cosa. La niebla es un cambio de dimensión en el tiempo. Se detiene. Lo detiene el silencio. Si alguién nunca estuvo aquí, entre troncos resinosos, una mañana de niebla espesa no conocerá una manera diferente e indiscutible de "estar sólo ante uno mismo". La capacidad de la niebla de reflejar la mirada hacia dentro del pellejo, el empuje de la humedad a veces y otras del hielo, y la imensidad de creerse dueño de algo que no nos atrevemos a nombrar como "yo mismo". Las locuciones sobran y se pasa al deslumbramiento.